16/12/08
Creemos sentirnos miserables, y no tenemos idea de lo que eso significa. Quejamos día y noche de nuestros padres, valores tanto sentimentales como materiales, y nos hacemos los ciegos hacia aspectos mucho más trágicos. Decimos que estamos solos, que nos usan, que nos desechan. Decimos sentirnos vulnerables, inservibles. Creemos que por hacernos las víctimas el mundo va a dejar de girar, y va a venir a preguntarnos que nos pasa, sin pensar en esas personas que se dejaron caer, y que el mundo las paso por arriba. La vida es como una pileta, si no aprendes a flotar, te hundís. Por eso siempre intentamos quedarnos donde hacemos pie, sin darnos cuenta que nunca vamos a llegar al otro extremo, si no aprendemos a nadar. Para eso estudias, practicás, te ahogas muchísimas veces, pero terminas aprendiendo. Y cuando llega el día de la gran competencia... muchos prefieren quedarse en la parte baja, y se olvidan de todo lo que aprenderon, y de lo mucho que se esforzaron para hacerlo.

































